fermentando sonidos
microcassettes repollos y vocess
Cada vez tengo más nitidez acerca de donde está uno de los secretos de la vida: Está en la cocina.
Hay una revolución (para nada novedosa) en entender que una arteria fundamental de estar más sanos en este sistema asqueroso que nos rompe, pasa al rededor del alimento: cómo se produce, en que contextos, bajo qué formas de trabajo, cómo lo comemos, con cuanta atención, servido en un plato hecho por quién, cuanto tiempo se fermento y que música lo acompaña.
No estoy pudiendo escribir textos largos o muy conexos como solía producir antes, ni estoy pudiendo hacer todas las actividades que hacía antes. (¿Antes que cuándo?) Algunes dicen que es el invierno. Un poco sí. Encuentro refugios en el colado de un yogur y en el sonido de unas burbujas escapando desde el interior de una vasija de barro.
Estuve escribiendo cosas muy cortitas. Yo le digo “el diario del poema”. Son pequeñas entradas a un blog en donde la primera persona, quien narra, es el poema y así se va definiendo a si mismo.
bálsamo
14 May, 2026
Soy un poema paspado
Froto un pastel
A la tiza
Por el subtítulo
De mi boca
-
Ayer, después un tiempo, escribí un texto más largo, bastante poco narrativo, a modo de respuesta a una carta que Paco nos entregó el último día de un taller del que participamos, coordinado por una amiga nueva de este año: Rita. Fue un taller relindo, que vinculaba poesía/texto y escucha. El taller se dio en una radio en Chacarita: Muito Radio.
Yo llevé para escuchar algunas grabaciones de campo que estuve registrando el mes pasado en La Caleta, la playa que queda cerca de Mar de Cobos, a donde fuimos a filmar en super 8 con Guille. Estoy grabando en una grabadora portátil de microcassettes que me regalo mi papa cuando tenía 9 años. Me gusta mucho lo que sucede cuando quiero compartir con otrxs algo del registro: el proceso de compartir los fragmentos implica tener que compartir también el tiempo y los procedimientos de retroceder y avanzar en vivo para hacerles escuchar a los demás justo lo que quiero mostrarles. Antes, hago una lista en un papel con los momentos que me interesan y les pongo un nombre simple y en qué segundo del cassette se encuentran, para identificarlos y que la maniobra no sea incordiosa. La grabadora de microcassettes es un tesoro vivo, ahí adentro están mis primeras entrevistas de los 9 años, y otras de los 22. (Existe un audiopaper que hice con algo de ese material de archivo, lo compartí en alguna entrada anterior de este noticar). Ahora estoy trabajando distinto, como si la entrevista fuera hecha al paisaje. Tengo planes de seguir trabajando con ese material sonoro en esos términos.
Paco caía todas las clases con algo recién editado/publicado. Me entusiasma mucho cuando las personas se animan a pronunciar: es decir, publican, recitan en voz alta, o te mandan un mail diciéndote lo que sienten.
Débora, una compañera, escaneó la carta de Paco:
A continuación, mi respuesta:
Destilaciones de un cuaderno, o la respuesta a una carta de escuchas distorsionadas, o el precioso tic tic tic puc tic de unos dedos sobre las teclas computadoras
Revolotea
Y la noche
Y revolotea
Es casi invierno
Olvidé hacer mía
La fruta propia
Soy la erre pronunciada desde distintos continentes. No entiendo ni mi propio idioma. Soy la pronunciación con la que un niño francés dice “guerrrrrrrrra” y une niñe Argentine dice “rrrrrrrrrrreportaje”
Me gusta estar cerca de quien respira y de quien tose, de quien espera para tragar porque susurrar está amplificado. La baba pegajosea la comisura de la boca, el roce de un papel, la lengua es una hoja masticada. Es miga de pan. Apelmazada.
Escultura de miga de pan en la boca. Todo está bien si hay quien puede tirarse al piso cuando lo precisa, los bajos se sienten más cerca del corazón.
Yo necesito golpear mi birome exageradamente contra la hoja y escribo las palabras marcando el pulso. El fade out: dar vuelta la hoja. LADO B: Segundo 430: campana 1 445: campana 2 452: campana 3 463: campana 4 467: campana 5 472: cámara guille 502: cámara guille lejos 522: cámara guille más arroyo. 290 segundos: Palomita mensajera. 437 segundos: musas inspiradoras. 357 segundos: Publicidad falsa de Lanas Pili.
En una película que se llama Lilo y Stitch aprendí que Ohana significa familia. Y quizás la palmera se tuerce y alguien abandona la familia. Pero no la olvida y el recuerdo es la vibración. Por ejemplo, ahora, sí, está sonando un ukelele, y el acorde del embrague manejado por alguien que de perfil suena igual a alguien que muerde en saliva: El silencio antes de inclinarse a oler las flores.
Y en otra peli a veces la barra es para hacer ruidos de boca con boca y hacemos un juego: Cada vez que suena la motosierra del vecino yo te agarro y te revoleo fuerte el orto. “¡Dale!”
¿Compartimos interferencias? ¿Proponemos algo que se repite en el tiempo? ¿Vos por la calle y yo por la vereda? ¿Me escuchas si te hablo desde el baño? ¿Hacemos la interferencia de canillas y después la mezclamos con caliente? ¿Vos también te sentís dj de la ducha? ¿Vale hacer pis en el agua? ¿Somos carnaval a la mañana? ¿Dónde te tintinean más las tazas? ¿Miga de pan o corteza? Cuando toses mocos: ¿los tragas o los escupís?
Hay un mito que dice que existen 10 maneras de desaparecer. En esta ceremonia llamada poema vivo que circula, practicamos una: De pie, uno de nosotros junta los dedos para recitar y le cambia el cuerpo a quien recita.
Después, somos un flyer leído como si fuera una poesía:
Martes de junio
Muito rádio
Pequeñas bestias
negras de la noche
no la suelta
Por ooooootro lado, estamos trabajando mucho con mis colegas Bandurrias. Un grupo de ceramistas con quienes nos estamos por ir a Paraguay. //Nota mental: comprar un microcassette para llevar a Paraguay// Fabricamos una serie de ollas preciosas para solventar el viaje y también varios gauchitos giles.
En mi taller de cerámica estoy muy enfocado en retomar con la producción que se piensa para la cocina. En especial para la cocina de la fermentación. Me estoy imaginando un nido/muelle/plataforma desde donde se ofrezcan estas piezas y también algunos insumos y preparados. Tímidamente empezamos a ofrecer vinagres y chucrut. Pronto también sumare otros insumos que vengo gestionando.
(pueden solicitar nuestras conservas si gustan probarlas :)
Cuando salimos del último encuentro de Rita, fuimos a comer a lo de Pau. Entramos y el olor a ajo invadía toda la casa. El aroma bailaba con un vinilo de Violeta Parra. Después de visitar a Pau me quedé con muchas ganas de rescatar el reproductor de vinilos que estaba en la casa materna de mi mama. Hoy le pregunte a mi mamá si podía traerlo. Me contó que mi hermano Diego se lo había pedido, así que ahora no tiene dueño. El último lugar en donde había escuchado a Violeta Parra fue en Chubut, cuando estuve en lo de Vic y Fer, en Gaiman.
Y aprovecho para dejar por acá un link al substack de vic, que hoycito hizo su primer posteo:
Vic fue la persona que me enseñó a hacer vinagres y quien me transmitió algo muy pero muy importante sobre el tiempo. ¡Que lindo el ritual de probarlos por la mañana e ir registrando con el mismismo paladar como pasaba día a día el tiempo y con el tiempo, cosas.! Un reloj en la boca y con él traducíamos el sabor del tiempo en acidez. Primero venía el alcohol.
A Gaiman fui por el amor que tenemos en común de cocinar cerámica a leña. Ahora pienso que, no sé si estoy refiriéndome solo a “la cocina” cuando menciono algo sobre “el secreto”, al inicio del posteo. Tal vez, me estoy refiriendo a “las viejas recetas” y como se transmiten.
Algo de eso es también lo que nos vamos a buscar a Paraguay. Y quizás algo de lo que estoy practicando las últimas semanas con algunos gestos medio simples pero que me cambiaron radicalmente el descanso, y por ende la vida: Me compré un reloj despertador. Y también, le puse una pila a un reloj de pulsera de la infancia. La intención de fondo es no depender tanto del celular y sus sistemas de vigilancia. Volver a algunos modos más simples. También borré Instagram del celular. Intento casi no usarlo y de hacerlo, en la pc. Controlar mi atención y decidir un poco más, de ser posible, a quién y a que le regalo mi precioso tiempo. El tiempo que recupero, trato de usarlo para darle espacio al dolor. No olvidarlo y no evitarlo.
Busco encontrarlo conduciendo un auto, busco encontrarlo caminando por la vereda, busco encontrarlo en las ganas de tener un instrumento, busco encontrarlo en las miniaturas para mi sobrina, en mi dedo desviado, en un diente que nos falta, en las cejas anchas y en el cajón de las cuchillas.
Desayunando con Pau, charlando de libros, le conté que estaba leyendo un libro de Dobra Robota, una editorial que se dedica a (según define la propia editorial) “libros de música no-técnicos, tomando la música como punto de partida para pensar a las personas, las sociedades y la historia en sí mismas”. El que estoy leyendo trata de una correspondencia que se mandan dos personas a raíz de reflexionar sobre el único audio que “no tiene sonido” en la sonoteca de Londres: El audio de una ballena. Las ballenas emiten sonidos que están en una frecuencia que el oído humano no escucha. Entonces le dicen a esta ballena “ballena silenciosa” pero en realidad de silenciosa no tiene nada. Tiene que ver con la sintonía de frecuencias y contextos. Pau puso un vinilo que está compuesto todo por sonido de ballenas y me prestó un libro: No Binarix. De caja negra. Supongo que en parte me lo pasó por algo que dije la noche anterior: algunos procesos internos que estoy haciendo en relación a mi voz.
Recién buscando en la web de Dobra Robota encontré una lista que tiene muchas obras y artistas mujeres de la música electroacústica. La dejo por acá:
https://dobrarobotaeditora.com/un-sonido-propio-anexo-online/
Por otro lado, más en términos gaseosos... estoy fermentando una novela. Ayer pensaba que no la estoy escribiendo, pero sí. Es rara la forma en la que está tomando cuerpo. Me relaja saber que no hay una única manera de escribir y que la mía es válida y la estoy descubriendo. Es la primera vez que estoy haciendo esto (escribir una novela), y estoy descubriendo cómo es mi procedimiento. Ahora, siento que, si bien “el cuerpo” de la novela todavía no está, están muchos de sus ingredientes. Es como si estuviera hace 7 meses disponiendo las cosas en la cocina. Me encuentro pensando en el personaje todos los días, y entendiendo que le pasa en distintas situaciones. Recolecto imágenes, hago listas de partes, pienso. Y sobre todo leo cosas que tienen que ver con mi historia. Ayer termine de leer la novela de uno de mis compañeros del taller de Ritu, que me obsequió el borrador de su último trabajo. La devoré y me gustó mucho observar como otra persona trabaja desde otro tema y otra subjetividad, algo del universo que estoy usando para pensar mi escritura: el sonido.
Para terminar, dejo una canción, sin su música. Solo la letra, ustedes la pueden intentar sonorizar. Esta canción la hice, oralmente, en 2023 cuando estuve en Espacio Cerámica, mientras movía kilos de leña con una carretilla, 100% inspirada en la música de Violeta Parra. Supongo que suena como una cueca y dice:
“no voy a dejar la campera acá
no voy a dejaaaaaaaaaaaaaaar
la campera acá
no voy a dejar la campera acá
porque se van a posar las chaquetas
Y si levanto la vista
eucalipto está
aunque tímidamente
me da su olor
Pasaron los vahos
la fiebre
también la tos
prendido anagama
la quema ya comenzó.”
Gracias por leer.
Pueden comentar, preguntarme o contarme lo que tengan ganas!
Abrazo!
Anu.





